lunes, 20 de abril de 2015

La medicina Criolla


La medicina Criolla 

Cada pueblo tiene su característica, y la del nuestro, como puede notarlo toda persona observadora, es una arraigada afición a la terapéutica, que se demuestra en todos los instantes de la vida.

Aquí vivimos y morimos dando remedios al que los pide y al que no los pide; pues cada cabeza está llena de recursos curativos que quiere prodigar a diestra y siniestra entre sus semejantes.
Y cosa más curiosa todavía: la receta, es fulminante. Basta la simple enuncia-ción de cualquier daño en la salud para que venga al instante la prescripción facultativa de todo aquel a quien se dirija la palabra.
En este servicio espontáneo, gratuito y empírico las mujeres aventajan a los hombres y llevan siempre un copioso recetarlo en la memoria, prescindiendo en lo absoluto de los verdaderos Esculapios.
Si se encuentran dos amigas, por ejemplo, es muy natural que después de los dos besos consabidos se pregunten por su salud y la de toda la familia, y allí es cuando empieza a funcionar el catálogo de la medicina popular.
* ¿Por qué te has puesto lentos oscuros, niña?, ¿Estás padeciendo de la vista?
* De la vista no, hija de mi alma; pero es que no me dejan con vida los orzuelos.
* Me salen en ambos ojos y me dejan casi ciega.
* ¿Sabe qué es bueno para eso?
* ¡Me he hecho tantos remedios!
* ¿Pero no el del rabo de gato?
* ¿Cómo es eso?
* Coges un gato -y sí es negro, mejor- y tomándole la punta de la cola te la pasas suavemente por el ojo enfermo, como si fuera una brocha
* ¿Y hace bien?
* ¡Es lo que hay!
* A mí me recomendó una amiga de mamá que me quedara viendo a un gallinazo en vuelo y le hiciera un guiño bien marcado y repetido; poro no me resultó.
* ¡Qué disparate!
* Lo que pasó fué que me vió un mocito haragán que anda por ahí, y creyó el muy tunante que a él eran los guiños, y se mataba contestándome con ademanes apasionados. ¡Qué coraje!
* Pues, hija, haz la prueba con el rabo del gato y verás.
* ¿Y tu mamá?
* Sigue la pobre con ese dolor entro pecho y espalda que a ella le da y no se quita con nada.
* Dale aceite de lagarto, que es lo que toma mi tía y le va muy bien.
* Ahora está tomando la cucaracha tostada en agua de canela, que le ha recomendado el sacristán de la parroquia; pero todavía no siente alivi, sino otra cosa mala: le ha salido un lobanillo en la nuca.
* Linda, que se ponga saliva en ayunas y verás cómo se le disuelve en cuatro días. Mi papá tenía uno y así se le disolvió.
Luego se despiden, suenan dos besos, y se van.
Cuando la mujer comienza a entrar en años y pasa de la risueña juventud a la tosca edad madura, desde la cual se divisan ya las costas áridas de la ancianidad, sienten más aguda todavía propensión a dar remedios y no dejan pasar la ocasión.
Yo aconsejo a mis amigas de la segunda reserva que si quieren disimular sus años, como es natural, por lo frescas y hermosas que están todavía, no indiquen remedios a nadie, porque se descubren.
Está probado ya que una dama, por joven que parezca, cuando empieza a pres-cribir a sus amigos achacosos plantillas de sebo caliente para sudar la calentura, hollín de cocina para las heridas sangrantes y cáscara de plátano tibia para el dolor de cabeza, de seguro que pasa de los cuarenta.
Y si se avanza, por mal de sus pecados, hasta la lavativa de agua de raspadura, con borraja y escorzonera, se puede ya jurar que pasa de los cincuenta.
Conque mucho cuidado, amigas y haced lo del chino en materia discreción:
* ¡Callao boca!
Cuando dos abuelas se cogen, mano a mano, en una misma hamaca, con el cigarro encendido y la escupidera al pie, el tema favorito de su conversación es el de sus achaques y remedios ensayados para aliviarlos; pero éstas, grandemente despreocupadas por efecto de la edad, se van hasta el fondo en cada clase de detalles íntimos.
* Aquí donde Ud. me ve, decía una de ellas a su interlocutora, ando toda embadurnada de unto sin sal, que utilizo todas las noches para mis dolores de huesos, que me ponen en un grito.
* Dicen que mejor es el sebo de la gran bestia con aguardiente de Castilla.
* No, comadre, eso es muy frío y dañino para las que padecen de ahogo, como yo.
* Yo también sufro de ahogo.
* Le recomiendo el palo santo. Corta Ud. los retoños, los pone a secar y se los fuma después como si fueran cigarros.
* A mí me habían dicho que las hojas de ese árbol son las provechosas, tomadas en infusión.
* Eso es para la tosferina. Yo las he dado a mis nietos; pero hay algo mejor todavía para la coqueluche: la leche de papaya.
* ¿Cómo se administra?
* Se moja una pluma de gallo en dicha leche y con, ella se remueve una tacita de agua de limón endulzada. ¡Santo remedio!
* ¡Yo había oído hablar del agua de Diostedé!
* Está confundida, comadre. El agua que deja el pájaro Diostedé en el bebedero sólo sirve para curar las enfermedades del corazón. Yo tenía un hermano, que estuvo a la muerte, con una pericarditis, según decía el doctor: pero no podía aliviarlo, por más que recetaba, hasta qué conseguimos un Diostedé, que también lo llaman Tucán.
* ¿Lo conoces?
* Sí. ¡Tiene un picazo!
* Bueno, pues mi dicho hermano tomó el agua sobrante y se sanó. El médico se quedó muy ufano, creyendo que él había curado al enfermo. ¡Mentira!, ¡Fue el pájaro!
* Lo que me pasó a mí con los granos que le salían en el cuerpo a mi hija mayor. El médico no atinaba con sus pomaditas, hasta que vino un afilador de tijeras, y me dijo: -”Señora, póngale el barro de molejón, que es lo que hay”- Me dió el barro y se lo puse, con lo cual se sanó la muchacha. ¡Y después fíese Ud. de médicos!
* Yo por eso me curo sola y curo a todos los míos. ¡En mi casa no entra el paludismo:

Yo me bato con la canchalagua y la cascarilla.
* Yo curo, hijita hasta la misma bubónica con limón medio asado
La conversación sería interminable, dentro de este mismo tema, si no llamaran a las interlocutoras a comer.
Y eso sí que es un remedio indiscutible para el estómago vacío. Al menos, no se conoce otro.
Los hombres tenemos también nuestros achaques y prescribimos remedios a porfía los unos a los otros.
La vida sedentaria nos echa a perder el estómago en este clima sofocante, pero ahí tenemos a la mano la papa madura, el jugo de limón en ayunas, la naranja agria y la manzanilla, sin contar la famosa yerbaluisa, que nos vamos recetando de boca en boca.
¿Que nos duele la espalda de tanto escribir?, ¡Pues sebo de león!
¿Que hacemos algún disparate?, Pues uña de la gran bestia.
Algunos hay que se atoran de aceite de tortuga y otros que se sientan sobre pellejos de pericoligero, no sé con qué motivo, pero bástame saber que aquellos son probados específicos de la farmacopea criolla.
Cualquiera receta aquí cebolla cruda para los callos, caldo de ostiones para forti-ficar el cerebro, y barriga de rana para la erisipela. La sangre de pollo caliente salva a cualquiera de una fiebre perniciosa y la tripa del alacrán cura la picadura de este venenoso bicho: Similia, simílibus curantur.
¡Pobres chicos! Ellos ofrecen el más pasivo campo experimental a la ciencia popular de las madres curanderas.
Por lo mismo que la mujer ama tanto a sus hijos, esos pobres muchachos ponen a cada rato el grito en el cielo, cuando ven a la madre amorosa que se les acerca con el emplasto de sebo caliente, el brebaje en la cuchara o el irrigador en la mano.
A veces no se puede ni arrimar uno a esas inocentes criaturas, que andan untadas con grasa de arriba a abajo, con parches de sebo encima de las orejas, o con el estómago más blando que la cuerda floja. ¡Es la madre que los está curando!
Si mi Hada Madrina, que todo me negó cuando vine al Mundo, se arrepintiera ahora de su tacañería, y me dijera al ver lo que sufro por la humanidad:
* “Pídeme alguna cosa, hijo mío, ¡y la verás cumplida!”
Yo le pediría, con lágrimas en los ojos que cambiara esta manía que tenemos de dar medicinas para las enfermedades en otra de sugerir remedios para los males de la vida pública.
Qué felices seríamos, por ejemplo, si al pie de la Administración Central Provincial o Municipal, hubiera siempre un coro de doctores criollos que estuviera recetando específicos contra todos los defectos, errores, extorsiones, vacíos, ligerezas, empecinamientos y demás mechificaciones que amargan la vida ciudadana.
Las enfermedades dejémosla a los médicos.
De otra manera sólo lograremos que los galenos, al ver que todos invadimos su campo profesional, dejen botados a los enfermos y se pongan a componer el país,

como lo están haciendo en la Magistratura y en los Municipios los médicos y cirujanos, muy señores nuestros.

miércoles, 11 de marzo de 2015

la hoja de vida





Hoja de vida es la forma en la que se conoce al Currículum Vitae en determinadas regiones, especialmente de Latinoamérica. Esta diferenciación es puramente denominativa, ya que a nivel formal y de contenidos, la hoja de vida es exactamente igual al currículum vitae. Así pues, las diferencias que puedan existir en el contenido se deben únicamente a la diferenciación geográfica, ya que en determinados países es costumbre incluir una información en la hoja de vida y no otra.
Por norma general una hoja de vida debe contener
  • Datos personales: Nombre y apellidos, lugar y fecha de nacimiento, estado civil, dirección personal, número de teléfono de contacto, dirección de correo electrónico, etc.
  • Formación académica: Estudios que has realizado, indicando fechas, centro, y lugar donde han sido realizados.
  • Experiencia profesional: Experiencia laboral relacionada con los estudios universitarios o que puedan ser de interés para la empresa que desea contratarte. No olvides señalar las fechas, la empresa dónde trabajaste y las funciones y tareas llevadas a cabo.
  • Idiomas: En este apartado mencionarás los idiomas que conoces y tu nivel. Indica también si has obtenido algún título reconocido que acredite tus conocimientos.
  • Computación: Señala aquellos conocimientos de software que poseas: sistemas operativos, procesadores de texto, hojas de cálculo, bases de datos, diseño gráfico, internet, etc.
En algunos países, además, es costumbre incluir también las referencias dentro de la hoja de vida.
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